Bioluminiscencia ¿la iluminación del futuro?

1 abril, 2016

¿Te imaginas las calles de tu ciudad iluminadas por árboles luminiscentes en lugar de farolas? ¿No sería genial poder cambiar las energías contaminantes por otras totalmente naturales y limpias? Usar o imitar los modelos de la naturaleza podría llevarnos a lograr algo así gracias a la bioluminiscencia. ¿Será la iluminación del futuro?

Desde cefalópodos como es el caso de algún tipo de calamares a celentéreos como algunas especies de medusas pasando por insectos como las luciérnagas, algunos tipos de hongos o peces abisales como los pejesapos son capaces de emitir luz gracias a bacterias, células especiales o a la posesión de unos pigmentos llamados luciferina y luciferasa que, al entrar en contacto, producen luz. Por lo que si somos capaces de sintetizar este tipo de elementos o criar colonias de bacterias bioluminiscentes, podríamos crear luz de forma natural y no contaminante.

Aunque pueda parecer lo contrario, estos fenómenos no son descubrimientos recientes puesto que ya en la antigüedad, Aristóteles o Plinio el viejo ya hablaban de estos seres luminiscentes e indagaron sobre ellos y sus posibles usos y a lo largo de la historia son muchos los que se han interesado por estas criaturas especiales. Sin embargo, en los últimos años se están investigando a fondo los funcionamientos de estos mecanismos de producción de luz para imitarlos o aplicarlos a la tecnología para aprovecharse así de sus ventajas como es el hecho de que no emiten calor, lo que permitiría iluminar, por ejemplo, aparatos electrónicos sin necesidad de instalar disipadores de calor puesto que no necesitarían refrigeración.

Bioluminiscencia ¿la iluminación del futuro?

Otra interesante aplicación de esta bioluminiscencia es la relativa a la medicina, donde se aprovecha esta luz natural para realizar un seguimiento del avance de enfermedades como el cáncer, Alzheimer o el Parkinson. En el caso del cáncer, se ha observado cómo las moléculas bioluminiscentes se tienden a coagular en las zonas donde se localizan las células cancerígenas, detectando así las zonas a tratar.

En definitiva, la aplicación de este sistema natural de iluminación podría ser una revolución con un gran impacto natural, al utilizar fuentes de iluminación renovables, no contaminantes y que no emiten calor. Podríamos conseguir iluminar las calles o carreteras mediante la aplicación de estos procesos al asfalto o los árboles, podríamos conseguir pantallas de dispositivos iluminadas de forma natural y sin necesidad de disipadores de calor o métodos de diagnóstico que nos permitan eliminar células cancerígenas sin eliminar el tejido sano. Toda una auténtica revolución ecológica.

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